INAUGURACION DE CONVENCIÓN NACIONAL ORDINARIA DEMOCRÁTICA DEL STRM

 

INTERVENCIÓN DE FRANCISCO HERNÁNDEZ JUÁREZ, SECRETARIO GENERAL DEL SINDICATO DE TELEFONISTAS DE LA REPÚBLICA MEXICANA Y PRESIDENTE COLEGIADO DE LA UNIÓN NACIONAL DE TRABAJADORES, EN LA INAUGURACIÓN DE LA XXXV CONVENCIÓN NACIONAL ORDINARIA DEMOCRÁTICA DEL STRM

20 de septiembre de 2010

 

Compañeros telefonistas:

 

Este último año ha sido, sin duda, el más adverso de que tenga memoria el sindicalismo independiente y democrático de México en su historia contemporánea. En los meses recientes, una ola de agresiones han tenido como blanco a sindicatos auténticos que se han caracterizado por su carácter independiente, crítico y avanzado en nuestro país. Si bien los ataques más fuertes han impactado a organizaciones nacionales, sindicatos o secciones locales no han estado exentos de esta ofensiva. Desde siempre, en un país en el que predomina un modelo corporativo de control laboral, los sindicatos independientes y democráticos hemos sido sistemáticamente agredidos por las empresas y por los gobiernos.

Los operativos ejecutados lo mismo en contra del Sindicato Mexicano de Electricistas desde octubre pasado, a los que precedieron y siguieron agresiones en contra del sindicato minero y, más recientemente, los golpes dados a nuestros sindicatos hermanos de pilotos y sobrecargos, fundadores junto con el Sindicato de Telefonistas de organizaciones como la FESEBES en 1990 y la UNT en 1997, no dejan lugar a dudas. No estamos frente a casualidades, frente a meros accidentes o frente a hechos desarticulados y aislados. Tenemos que reconocer que estamos frente a acciones articuladas y deliberadas, frente a alguna especie de plan maestro para debilitar y de ser posible, exterminar al sindicalismo independiente y democrático en nuestro país. Este hecho se reafirma si consideramos que, a la par de los golpes al sindicalismo independiente y democrático, las empresas y los gobiernos continúan no sólo tolerando, sino alimentando y fortaleciendo tanto al sindicalismo de protección patronal, como a las expresiones más conservadoras, dóciles y controlables del sindicalismo oficial. Al doblegar a los sindicatos reales y vulnerar la negociación colectiva, se consigue no sólo mantener y profundizar la precariedad laboral en México: los bajos salarios, la concentración del ingreso, la explotación, la inestabilidad laboral. Se busca también afianzar y legitimar aún más el control político y la desmovilización de los trabajadores, además del control político-electoral vinculado a algunos partidos y grupos de poder.

Es preciso reconocer que si bien esta ofensiva en contra de los sindicatos es extraordinaria, constituye también, en buena medida la culminación lógica de una serie de gobiernos que desde hace casi treinta años, se propusieron precisamente destruir al sindicalismo, como parte de las políticas y esquemas neoliberales que en ningún otro país del mundo se han obedecido tan dogmáticamente como en México, y que por lo mismo, en ningún otro país del mundo han tenido resultados tan desastrosos y socialmente tan devastadores como en el nuestro. La ofensiva claramente dirigida a golpear y debilitar al sindicalismo independiente en México, tiene como propósito consolidar este modelo y estas políticas económicas, porque los sindicatos reales en este país seguiremos siendo críticos y nos seguiremos oponiendo a que continúen los esquemas de concentración del ingreso y la riqueza, de explotación de los trabajadores, de precariedad laboral, nos opondremos siempre a la desigualdad y a la injusticia. Al destruir al sindicalismo real, los grupos económicos y políticos dominantes buscan eternizar en México un modelo económico, social y político que ofrezca todas las garantías al capital para incrementar aún más sus ganancias, a costa de los bajos salarios y de la precarización de las condiciones de vida de los trabajadores.

No nos engañemos. Existe, en efecto, una estrategia deliberada para exterminar a los sindicatos independientes y democráticos en México. Esta estrategia se compone de cuatro grandes ejes, que son:

1) Una pésima administración de ciertas empresas, ya sean públicas o privadas, que conduce a su destrucción, a su inviabilidad, ya sea mediante el endeudamiento, la descapitalización o la negligencia deliberada de sus dueños y administradores para no modernizarlas y permitir que sean arrasadas por la competencia y por la obsolescencia. Esto justifica la desaparición de dichas empresas, los despidos masivos de sus trabajadores, la mutilación de los contratos colectivos de trabajo, al tiempo en que se propalan versiones en el sentido de que los trabajadores y sus sindicatos son los responsables de dichos fracasos.

2) La ausencia de inversión pública en sectores estratégicos de la economía. Bajo el dogma neoliberal, el gobierno mexicano ha dejado de ser un factor de desarrollo para alentar la recuperación y el crecimiento, para paliar las deficiencias y debilidades del mercado. El gobierno concentra y acumula montos insólitos de reservas, mientras que empresas clave para la marcha económica del país desfallecen, destruyendo empleos y cadenas productivas completas, como en el caso de la industria aérea.

3) Regulaciones sectoriales depredatorias, asimétricas y contradictorias, que no alientan la inversión, el desarrollo ni la generación de empleos estables. Más que ser un mecanismo de estímulo económico, como se nos hizo creer en los inicios del neoliberalismo, el gobierno mexicano ha utilizado la regulación como un arma para destruir empresas, para favorecer a algunos actores por encima de otros, incrementando las contradicciones del mercado.

4) Políticas públicas deficientes y desarticuladas, que revelan la ausencia de verdaderos proyectos de desarrollo para el país. Las políticas están sujetas a los grupos de interés económico y político y a sus demandas específicas, entre otras, la de deshacerse de sindicatos incómodos para las empresas o para los intereses de dichos grupos.

5) Una verdadera política nacional para fortalecer al sindicalismo de protección patronal. Desde los años ochenta, el neoliberalismo encontró en el sindicalismo de protección patronal su modelo ideal, para fingir que existen sindicatos, para simular la negociación colectiva, para engañar y oprimir a los trabajadores, para tener bajo su control los mecanismos de la desigualdad y la concentración del ingreso y la riqueza.

Es en este contexto que tenemos que ubicar los ataques y la incertidumbre que rodea a la empresa Teléfonos de México, que desde hace varios años enfrenta una ofensiva regulatoria, sin precedente a nivel internacional. Si en el pasado la privatización de TELMEX fue considerada un modelo virtuoso y ejemplar en el mundo, no sólo en términos de los beneficios que trajo para el avance de las telecomunicaciones en el país, sino por el respeto a los derechos de los trabajadores conseguido por la participación y la fuerza del sindicato en todo el proceso, pareciera ser que lo que ha existido en los últimos años es un antimodelo regulatorio y de política pública para TELMEX, un absurdo que nada tiene de virtuoso ni de ejemplar para el desarrollo de las telecomunicaciones en el país. No existe en el mundo empresa anteriormente incumbente de telecomunicaciones a la que la regulación de su país de origen impida su pleno desarrollo precisamente como empresa de telecomunicaciones, para ofrecer servicios de triple play, cuadru play o múltiple play. Por si el Título de Concesión de la empresa, que es también excepcional a nivel nacional e internacional, no impusiera a TELMEX condiciones que no se imponen a ningún otro jugador en el mercado, las restricciones y obstáculos adicionales que se le han fijado constituyen un absurdo, que desalienta la inversión, el crecimiento y el avance de las telecomunicaciones en le país. Ciertamente, los trabajadores de TELMEX no estamos a favor de monopolio alguno, pues nos asiste la certeza de que esta empresa no constituye monopolio en ninguno de los segmentos de mercado en los que participa, y con la evidencia de que la regulación asimétrica impuesta a TELMEX, sí favorece a otros monopolios probados y comprobados donde no existe competencia, como el de la televisión por cable.

No cabe duda de que el futuro de TELMEX ha quedado cautivo de componendas políticas y de intereses electorales, que mucho tienen que ver también con el atraso de las telecomunicaciones en el país. Someter a una empresa de la dimensión social e histórica de TELMEX a esta dinámica político-electoral, revela una falta total de visión sobre el desarrollo del país, porque debilitar a TELMEX implica, contrariamente a lo que de manera equivocada sostienen los fundamentalistas del mercado, debilitar y acotar el desarrollo de las telecomunicaciones en México. Pero sería erróneo pensar que sólo obedece a esto, porque contra Telmex han estado no sólo el gobierno, particularmente el gobierno actual y algunos de sus exfuncionarios y funcionarios ligados por intereses económicos y políticos a empresas como Televisa. En algún momento, hemos sentido también que la propia administración de la empresa y el Grupo Carso han dejado a TELMEX en un segundo plano, privilegiando a otras empresas del Grupo en las que han optado por sindicatos de conveniencia.

De aquí la insistencia del Sindicato por exigir a la empresa definiciones y compromisos claros, como el Acuerdo Marco y la apuesta por la inversión, el crecimiento y el desarrollo de TELMEX como pilar que ha sido y debe de seguir siendo para el desarrollo de la banda ancha y de las telecomunicaciones en el país. De ahí también nuestro afán en seguir avanzando en la modernización y en la productividad de la empresa, actualizando los perfiles de puesto y evolucionando nuestras negociaciones y acuerdos en materia de productividad. Los trabajadores de TELMEX no permitiremos que administraciones deficientes y depredadoras o que la falta de un proyecto nacional de telecomunicaciones para el desarrollo de México frenen nuestro futuro y el futuro del sindicalismo autónomo y democrático con el que estamos comprometidos.

Esto nos obliga no sólo a resistir y sobrevivir, sino a retomar la iniciativa e ir hacia adelante. En primer lugar, evitando con los medios a nuestro alcance que se cumpla el plan de depredar a TELMEX, depredando sus clientes. En segundo lugar, impulsando el debate y los acuerdos por un Proyecto Nacional de Telecomunicaciones para México, al que convocamos a todas las empresas del sector que en algo quieran aportar al desarrollo del país y no sólo al beneficio de sus utilidades. Tercero, fortaleciendo al sindicato a través de la organización sindical en otras empresas, lo cual tiene el doble efecto de actuar también en nuestras posibilidades de incidir sobre una política nacional de telecomunicaciones.

Este es el sindicalismo independiente, democrático, comprometido y combativo que somos, en el que creemos y que sabemos hoy perseguido y acosado. Nos queda claro que esta ofensiva en contra de nuestras organizaciones es expresión de la degradación del sistema político, porque no hay igualdad posible, no hay justicia posible, no hay futuro posible sin sindicatos fuertes, democráticos y autónomos, sin la negociación colectiva vital para mejorar lo mismo los salarios que la productividad, para regular las enormes desigualdades que los mexicanos padecemos. El modelo neoliberal puro que se ha impuesto en México se comprueba con ello como un modelo delincuencial, de impunidad y de explotación, en donde los intereses colectivos y los derechos humanos no valen y en donde lo que importa es la acumulación, el enriquecimiento salvaje y voraz, a cualquier costo, y en donde el poder y la política se convierten en meros instrumentos para satisfacer estas ambiciones.

Los trabajadores convocamos a cambiar ese modelo, que nos está volviendo un país sin futuro y sin perspectiva para la inmensa mayoría de los mexicanos. Desde la Unión Nacional de Trabajadores, en la trinchera del movimiento sindical internacional en el cual militamos activamente en organizaciones como la UNI, la CSI y la CSA, desde el Movimiento por la Soberanía Alimentaria y Energética, los Derechos de los Trabajadores y las Libertades Democráticas, seguiremos actuando para influir en las políticas en el país. Convocamos a rescatar, fortalecer y transformar nuestro sindicalismo, a dar nuestro mejor esfuerzo para combatir, palmo a palmo, los ejes de esa estrategia perversa que trata de destruir al movimiento sindical independiente y democrático de México. No renunciaremos a la opción, para los trabajadores de mexicanos, de un futuro mejor.

 

Muchas gracias.

septiembre 20, 2010Enlace permanente

One thought on “INAUGURACION DE CONVENCIÓN NACIONAL ORDINARIA DEMOCRÁTICA DEL STRM

  1. creo que los comentarios de francisco son bastentes reales y nos da un panorama de lo que nos rodea como telefonistas y tenemos que estar unidos para sacar adelante a nuestro sindicato. y nuestra empresa luchar por la liberacion de l titulo de concesion

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